Ejemplo magistral de una estrategia autoritaria de imposición de arriba hacia abajo
por Alfred Burger, Ciencias de la Educación, Zúrich
Decenas de miles de estudiantes se manifestaron la última semana de octubre en Viena y otras ciudades contra el proceso de Bolonia. Objeto de la protesta fueron, entre otros aspectos, la introducción de tasas universitarias, barreras de entrada y la reducción de puestos docentes. Los estudiantes exigieron la retirada del modelo de Bachelor y Master y la reintroducción de un sistema de estudios guiado sólo por criterios científicos. También en otros lugares de Europa aumenta la insatisfacción. Los profesores de universidad se quejan de las cargas cada vez mayores, de la falta de tiempo para trabajar con los estudiantes y de las estructuras burocráticas.
Promesas y realidad
La «declaración de Bolonia« se produjo el 19 de junio de 1999 entre grandes promesas. Presuntamente se debía conseguir una mayor permeabilidad de las universidades y la formación profesional, así como estimular la movilidad de los estudiantes y la transferencia de conocimientos entre las Universidades europeas. A fin de mejorar la competitividad y empleabilidad se adecuaban todas las escuelas universitarias a un sistema unificado de diplomas en dos etapas con el subsiguiente doctorado (sistema GMD: Grado-Máster-Doctorado) y se les imponía el sistema de reconocimiento de créditos ETCS (European Credit Transfer System). Bolonia debía garantizar la transparencia, la eficiencia y la movilidad, la flexibilidad y la competitividad.
Con esta reforma cambiarían radicalmente los diversos sistemas educativos de Europa, tal y como históricamente se habían desarrollado, y se unificarían de acuerdo al sistema norteamericano, un empeño que debería haber encontrado numerosos obstáculos precisamente ahora a causa del crecimiento de las estructuras europeas. Sin embargo esto no fue así: «Bologna» ha sido aplicada en los últimos diez años sin discusión democrática, sin legitimación legal y contra la voluntad de la mayoría de los profesores. Mientras tanto las promesas han seguido ampliamente sin ser cumplidas y se desinflaron como lo que siempre fueron: meras palabras vacías que debían servir de cortina de humo a una estrategia planificada con mucha antelación. El resultado: una estepa universitaria uniforme organizada desde arriba como si se tratara de una economía planificada.
¿Cómo ha sido esto posible?
Viejas estrategias conocidas
Ya en los primeros años 50 hubo corrientes que pretendían adecuar las Facultades alemanas a las norteamericanas. Los movimientos de izquierda supieron evitar esto en los años siguientes. 30 años más tarde la opinión europea con respecto a una aparentemente floreciente economía estadounidense era muy positiva.1 Por entonces sólo unos pocos eran conscientes de que el «éxito» del sistema americano se basaba en un sistema gigantesco de endeudamiento creciente y no en un rendimiento económico efectivo.
El «exitoso» contexto del sistema americano pareció el momento adecuado para traer la reforma a escena a algunos defensores neoliberales de la OMC, del Banco Mundial y a las empresas multinacionales con capacidad de actuación global, en conjunción con actores de la administración universitaria que coqueteaban desde hace tiempo con el modelo estadounidense (entre otros Helga Novotny, antigua profesora de economía en la ETH de Zúrich y Vicepresidenta del Consejo Europeo de Investigación). El capitalismo norteamericano extraído de las teorías de Milton Friedman iba a la cabeza bajo los lemas globalización, desregulación, privatización, aumento de la efectividad, etc. y desplazaba visiblemente a las estructuras orientadas en base a una economía social de mercado en Alemania y otros estados europeos. Prácticamente todos los partidos europeos, incluso los de izquierda, se mostraban entusiasmados de saltar al tren de la globalización.
«El momento para estas medidas de reforma es oportuno: en primer lugar la revisión de estructuras, contenidos y procedimientos de acuerdo a criterios eficiencia, flexibilidad y ‹adelgazamiento› es una tendencia que se puede observar globalmente. […] En segundo lugar […] hasta el año 2005 cesarán por motivos de edad el 50% de los profesores universitarios actuales. Esto ofrece la oportunidad de hacer surgir y consolidar en el mercado nuevas estructuras orientadas más fuertemente hacia el plano internacional con una gran parte de nuevo personal»,2 escribía el entonces ministro de educación alemán Jürgen Rüttgers, uno de los actores más decisivos del «proceso de Bologna».
A la reforma del sistema de educación universitaria le precedió una campaña de difamación de las estructuras actuales, de acuerdo al modelo acostumbrado. Lemas como «petrificación», «personal docente envejecido», etc. sonaban a todas horas y debían preparar a las Universidades europeas para una reforma fundamental. A sabiendas de que en cada país europeo se habían desarrollado durante siglos sistemas educativos muy diversos, se procedió también en cada país de una manera distinta. Así, Alemania invocó por ejemplo el modelo holandés. Se diferencia en poco del anglosajón pero se sabía que el elitista modelo americano pretendido no era del gusto de los alemanes.
¿Qué es lo que se esconde tras «Bologna»?
El «proceso de Bolonia» no puede ser separado de la estrategia económico-política de la Unión Europea fijada en marzo del año 2000 en Lisboa. El objetivo formulado entonces de convertir a Europa en la «más competitiva y dinámica economía del mundo»,3 ha influido decisivamente en el proyecto de transformación del paisaje universitario europeo. Europa no debía convertirse sólo en una Europa de los negocios, sino también en una Europa del conocimiento.
A causa de esta coyuntura económica, el proceso de transformación en curso del panorama universitario europeo se asienta en primer lugar sobre principios económicos, tal y como son impuestos por las fuerzas neoliberales en organizaciones económicas tales como la OCDE, la OMC y el Banco Mundial. Ello es fácilmente reconocible en el vocabulario económico que desde hace años se extiende como una úlcera cancerosa por todo el sistema educativo: «Competencia, especialización, mejora de la calidad, evaluación, gerencia universitaria, orientación al cliente, autonomía financiera, evaluación comparativa», etc. Las universidades deben convertirse en empresas privadas que producen y venden conocimientos en el marco de una economía globalizada del saber. No es ya la ciencia la que hace las preguntas, sino que la economía y la sociedad dicen a la ciencia lo que tiene que investigar y hacer.
La despedida de Humboldt:prostitución por medio del mercado
Los pueblos de Europa han luchado por la independencia de las Universidades con respecto a los poderes religiosos y de otro tipo durante siglos. Los profesores universitarios podían investigar y enseñar libres de la presión de la economía de mercado. Eran financiados por el sector público y el resultado de sus investigaciones se hacía también público. Estos resultados pertenecían a la comunidad. En los últimos diez años la «mano invisible del mercado» ha tomado a su servicio la ciencia y la investigación en nombre del «progreso y la modernización» y socavado a largo plazo la relativa autonomía de la ciencia y la formación. Con ello se ha producido un retroceso fundamental con respecto al ideal formativo humboldtiano. La Universidad será cada vez más un proveedor de servicios a la carta y ya no el lugar de una investigación independiente. Debe situarse al servicio de la economía, sino habrá cumplido ya su papel. «Si las Universidades no se adaptan, la vida seguirá sin ellas».4
Facultades en competencia
Si antes era la calidad de la investigación y la enseñanza lo que era importante para el prestigio de las Universidades, ahora es el número de patentes registradas y la cantidad de dinero subvencionada por terceros. A fin de que estas patentes también puedan ser comercializadas, los políticos cambian ahora los derechos de patente en todos los países europeos, reducen el presupuesto de las facultades y las obligan así a comercializar sus servicios cada vez más frecuentemente. Con respecto al prestigio de una facultad y el lugar que ocupará en este sistema de competencia, lo que decide hoy son los criterios de una investigación puntera capaz de reportar beneficios. Que en el «Academic Ranking of World Universities 2003» se encuentren representadas sobre todo facultades estadounidenses muestra claramente aquello con respecto a lo que las universidades deben medirse en el futuro: al modelo norteamericano.
Facultades a la norteamericana
El panorama universitario norteamericano se encuentra dominado por la «Liga Yvy» (Efeu-Liga). Estas son ocho universidades privadas de élite en los Estados Unidos, que practican los mecanismos de selección social y garantizan la continuidad de las élites americanas. Cada una dispone de medios que se corresponden con el capital de una multinacional. Evidentemente pueden gracias a ello enrolar a los mejores científicos y profesores de todo el mundo. Junto a ellas existen además una gran lista de otras universidades privadas. Sus presupuestos los reciben todas ellas de donaciones de familias que posibilitan a sus descendientes el acceso a los puestos mejor pagados en la economía y la política. A menudo la cantidad de la donación es decisiva con respecto a la aceptación en la Universidad deseada. La mayoría de Universidades públicas estatales son insignificantes e incluso aquellas pocas instituciones estatales que todavía tienen un nombre no alcanzan nunca el brillo de sus equivalentes privadas. Que exista un sistema de clases en los Estados Unidos es algo que se niega continuamente, sin embargo los hechos nos dicen algo distinto: en las 145 mejores universidades de los Estados Unidos sólo el 3% de todos los estudiantes proceden de familias humildes.
Feudalismo contra Ilustración
Con el sistema de la llamada excelencia se hace referencia a la competencia entre universidades para situarse en el mejor lugar del ranking. Según la teoría con ello subirá el nivel medio de las universidades de todo el mundo. En realidad comenzará un forcejeo entre universidades para decidir quien puede jugar como Global Player en Primera División y quien debe jugar en el futuro en la Liga regional. Las perdedoras son las carreras «no rentables», que deberían echar el cierre. Las facultades serán «saneadas». La prometida simplificación de las estancias en el extranjero se desinfla como las estrellas de un día: sólo los estudiantes que vienen de un hogar adinerado pueden permitírselas. Debido a que los estudios se someten a la lógica del mercado, todo se sitúa bajo una enorme presión temporal. Además las tasas universitarias serán progresivamente elevadas, lo que conduce a que, como en los Estados Unidos, sólo los acomodados puedan permitirse una carrera. En la misma línea se sitúa la eliminación de las becas. En cualquier caso para la mayoría de los mortales sólo resultará accesible en el futuro un diploma de Grado; un Master o Doctorado quedará reservado tan sólo a los acaudalados y a algunos especialistas miopes. Cada vez es más evidente: todo el proceso de «Bolonia» debe empujar de nuevo hacia abajo a los pocos privilegiados para colocarlos allí dónde pertenecen según las élites.
Si el panorama universitario europeo era hasta hoy una rica muestra de diversidad cultural y singularidades institucionales, en la educación global del futuro será coordenado, dirigido y administrado por burócratas. La tradición humanista de las Universidades europeas debe inclinarse ante una lógica contable, lo que provocará daños no sólo en las Facultades, sino en todos los campos de la sociedad. El nuevo sistema es autoritario y antidemocrático de una punta a otra. Es un sistema impuesto desde arriba como si se tratara de una economía planificada y nunca tiene en cuenta a las personas.
¿Deben repetirse los fallos que arruinaron a Rusia de la mano de una economía planificada? ¿Está dando la generación actual un puntapié a la Ilustración europea tan sólo para colocar en el poder a una plutocracia? •
1 Cfr.. Wuggenig, Ulf en: Schultheis, Franz et. al. (Ed.). Humboldts Albtraum. Der Bologna Prozess und seine Folgen, p. 123 y sig. Konstanz 2008.
2 Rüttgers, Jürgen. Hochschulen für das 21. Jahrhundert en: ibid, p. 141 sig.
3 Conclusiones de la Presidencia del Consejo Europeo de Lisboa, 23 y 24 de marzo de 2000, p. 3.
4 Cfr. Winkin, Yves en: ibid., p. 183. (Nota 1)